Recordemos a Jesús de Monasterio (1836-1903), prodigioso violinista y compositor español.

Monasterio fue, junto a Pablo Sarasate, el mayor representante de la escuela violinística española. Fue presentado a la reina Isabel II quien admirada, le tomó bajo su protección: <<El niño prodigioso Jesús Monasterio tocó el violín noches pasadas en el real palacio, y sabemos que S. M. y su augusta hermana quedaron muy complacidas con la rara habilidad de un niño que […] cuenta solo seis años. También ha tocado algunas noches en el palacio del regente del reino, donde con un violín que le regaló la esposa de S. A., ha ejecutado el niño Monasterio varias piezas difíciles aun para los profesores, marchas y aires nacionales>>.*

Nació en Potes (Cantabria), uno de los pueblos más bonitos del norte de España y muy joven viajó a Bélgica y a París en donde perfeccionó su técnica violinística. Recibió las enseñanzas de Fétis y de Gevaert logrando el Premio de Honor de violín y realizando conciertos por diversos países (incluso ilustres pianistas como Meyerbeer le acompañaron al piano). Su talento maravillaba a todos y por ello fue propuesto para ser nombrado primer violín y director de la Orquesta de la Corte Belga (el mismo Liszt insistió mucho en ello) pero Monasterio renunció. Es más, declinó las invitaciones de otros prestigiosos centros musicales europeos y regresó a España. Su mayor deseo era divulgar la música de compositores españoles y elevar el nivel técnico e interpretativo de nuestros músicos.
Entre otras distinciones, fue nombrado violinista de Honor de la Capilla Real, honorario de la Academia de Roma, profesor del Real Conservatorio de Madrid, académico fundador de la Sección de Música de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando y Director del Real Conservatorio de Madrid.
Por otra parte, tuvo el mérito de fundar la Sociedad de Conciertos en la que se interpretarían por vez primera en España las más importantes obras de cámara del clasicismo y del romanticismo.
Como director de orquesta creó junto a Arrieta y Eslava, una Asociación con el fin de abrir el Teatro Real y promocionar la Ópera española. Posteriormente participaría en la Sociedad para la Restauración de la Música Sagrada.
Por último, su labor como docente fue muy importante al crearse exclusivamente para él una nueva cátedra de Perfeccionamiento de Violín y de Música Instrumental de Cámara. Por todo ello, sentó las bases de la moderna escuela violinista española.
Toda esta actividad no eclipsó su prodigio musical puesto que su virtuosismo técnico e interpretativo unido a su fina sensibilidad le permitieron además componer obras como “Adiós a la Alhambra” (1855), inscrito dentro del movimiento alhambrista. Esta pieza obtuvo una gran popularidad en Europa con motivo de una gira que realizó Monasterio entre 1861 y 1862.
La interpretación que les proponemos corre a cargo de otro prodigio del violín español, Jesús Reina, quien, junto a Juan de Udaeta, ha querido revitalizar la figura de Jesús de Monasterio. Seguro que después de escuchar el vídeo con las bonitas imágenes de La Alhambra, ya nunca podremos olvidarle:

* Fuente: El Anfión matritense. 7/3/1843, n.º 9, página 8.
Fotografía de La Alhambra de José Antonio Alonso Fernández.

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